Ese corazón despierto,
que palpita abierto,
aceptando todo lo que enfrenta.
Camina,
transgrediendo las fronteras.
Ese corazón que escucha,
los grito desafiantes,
las inmundicias,
las alegrías transitorias
y las lágrimas más sutiles.
Ese corazón
que se implanta sobre la tierra,
sobre la madre
de todos los sueños,
de las pesadillas más oscuras
y de los aromas.
Siendo
todo lo que hay,
siendo,
todo lo que habita.
Pablo Guillén, Barcelona, agosto de 2011
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