"Gigante Asesino", Edwin García
mis ojos se han vuelto negros;
y no es la negrura de las sombras,
ni tan poco la ternura de los cuervos,
ni el petróleo derramado,
ni la oscuridad de la noche,
ni el espacio dejando en relieve a las estrellas.
Mis ojos son negros
por el reflejo de los muertos.
Muertos por las balas infructuosas,
por la voluntad de cuerpos y mentes enfermas,
que sin gloria alguna,
machacan la carne.
La carne de los inocentes,
de los virtuosos
y de los amorosos.
Mi piel sensible,
aun a la distancia,
recibe cada golpe
de ese mar de dóciles empleados
extasiados en demandar lo que no es posible,
descargando con júbilo su innoble naturaleza
a gritos sepulcrales de mentes retorcidas.
¡Qué vergüenza!
¿De dónde sacaste tales seres, naturaleza!
¿No te es suficiente con aventarnos tus temblores y alaridos de los volcanes?
¿Y me traes aquí, a esta Tierra, para presenciar tales horrores?
Quiero algún día estar a tus alturas
para derramar mi sangre en tus entrañas,
y torturarles noche y día,
porque ellos,
no merecen la vida libre y digna,
sino la muerte dolorosa
inmediata o lenta.
Pablo Guillén, Barcelona, agosto 2011.

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