La guitarra suena desde las bocinas.
Podría escucharla por las manos de otro;
pero hoy no tengo la motivación.
Ni siquiera para tocarla por mí mismo.
Toda expresión en estos días
termina por ser pescada
y hundirse muerta entre la razón del mar negro
contaminado por tantos buques en guerra.
Las notas, se asfixian descifrándose en la moneda
que fabrica las armas.
Resumiendo la existencia
en un flujo de competencia absurda
para vivir en un mundo asesinado.
Pablo Guillén, Barcelona, agosto de 2011
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