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No hemos sentido nuestros cuerpos.
No importa, porque desde adentro,
aunque no haya roce en nuestra piel,
no ha quedado de otra en este tiempo,
que amarte desde lejos, mi amiga fiel.
Digo esto sin pensarte claramente,
es mi palabra la que dicta a la-mente.
No es uno el que habla de uno,
sino la pluma que nos mueve al unísono.
Pablo Guillén, Barcelona, febrero de 2011,

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