Hay palabras que dicen demasiado;
están tan concentradas de significado que son incomprensibles.
Sólo provocan sensaciones,
placenteras,
a veces bruscas,
violentas.
Tan llenas de significado son en si mismas que se quedan en el vacío.
Tan sólo son y tan solas se quedan.
Abandonadas.
Se usan y se desechan.
Su forma es ubicua.
Su contenido es virtud del espíritu.
Único y vasto.
Cuando la palabra se institucionaliza,
se petrifica,
se pierde el sentido,
se pierde la libertad,
se vuelve esclava,
se sobreexplota;
colapsa.
Pablo Guillén, Barcelona, noviembre de 2010.
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